Saturday, September 23, 2006

Para festejar y soñar

La victoria en el dobles frente a Australia le dio a Argentina el pasaje a la final de la Copa Davis, luego de 25 años y por segunda vez en su historia.


BUENOS AIRES (ESPN) - Saltan, gritan, se ríen, también se les escapa un lagrimón. A los jugadores, al cuerpo técnico y a los simpatizantes, claro. La hazaña, como hace 25 años, ya es una hermosa realidad y no más un sueño. Argentina cerró la serie semifinal contra Australia, con un inapelable y extraordinario 3-0, para avanzar por segunda vez en la historia a la final de la Copa Davis.

Por eso el festejo es interminable: se agitan banderas, la gente canta y baila, el delirio no tiene fin. Es que David Nalbandian y Agustín Calleri, luego de una formidable tarea, con algunos lujos, pero sobre todo con solidez y mucha determinación, vencieron a Wayne Arthurs y Paul Hanley por 6-4, 6-4 y 7-5 en el tercer punto, tras dos horas y 27 minutos.

El clima contrasta: la baja temperatura con el calor del público, de esas más de 14.000 almas que gozan como pocas veces. La máxima potencia latinoamericana acaba de consumar un triunfo esperado y hasta previsible, pero que adquiere un valor gigantesco porque es la segunda ocasión en la que Argentina se mete en la definición del principal torneo mundial de tenis por equipos.

Así, se recuperó de tres derrotas en semifinales desde 2002, aunque sigue con el privilegio de ser el único país en acceder al menos a semis en cuatro de los cinco últimos años, justamente desde su retorno a la elite internacional. Es más: tampoco tuvo que disputar un sólo repechaje para mantenerse. Por eso la alegría es tremenda en el hermoso nuevo estadio del Parque Roca, a pocos minutos del centro de la gran capital.

Para colmo, ahora Argentina acumula 10 victorias consecutivas como local, en su favorito polvo de ladrillo, con ocho de esos triunfos por 5-0. Y el domingo podría extenderse la racha a nueve series sin ceder ni siquiera un punto. La última derrota en casa fue allá por 1998, ante Eslovaquia y por 3-2, en un intento por ascender. Una racha que exime de cualquier supuesta dosis de suerte y ratifica su tremendo poderío.

Mientras muchos se siguen pellizcando para comprobar si realmente es cierto que otra vez se haya avanzado a la finalísima "copera", como lo habían logrado en 1981 los geniales Guillermo Vilas y José Luis Clerc -ahora celebraron en sus palcos como cualquier fanático más-, se espera para conocer el rival y la sede para intentar la máxima proeza, del 1° al 3 de diciembre.

Es que Rusia supera a Estados Unidos 2-1 en Moscú. Si ganan, los dueños de casa serían anfitriones contra Nalbandian y compañía, pero si revierte la tendencia el visitante se jugaría por primera vez en la historia la final de la Copa Davis en Argentina. Por eso, la esperanza es que sean los estadounidenses los adversarios, para recibirlos en Buenos Aires. Y buscar la revancha de la caída de hace nada menos que 25 años.

VICTORIA CON DOBLE SABOR
En el rectángulo hubo paridad por momentos, pero la ventaja siempre estuvo del lado de la pareja dueña de casa. Es que, si bien no son Nalbandian y Calleri especialistas en esto de jugar dobles, como sí ocurre con Arthurs y en especial Hanley, tuvieron una mejor coordinación y se entendieron muy bien. No juegan de memoria, pero se complementan y se ayudan constantemente.

Apoyados en la gran devolución, en golpes precisos y la notable mano del N° 4 del mundo en singles, más el acople de un Calleri potente, con tiros desequilibrantes y un enorme hambre de triunfos, los argentinos fueron marcando el ritmo del partido.

Del otro lado, Hanley fue el sostén australiano, con su oficio y reflejos para ser siempre de peligro. Mientras que Arthurs, cada vez más lento y errático, fue el hombre buscado por los locales. Y precisamente a éste último le quebraron el saque, en el quinto game del primer set y en el arranque del segundo capítulo, mientras que el "break" decisivo fue sobre Hanley, en el 11° juego del tercero.

La regularidad de la dupla ganadora, pese a la superioridad mostrada por Nalbandian en ciertos momentos, contrastó nítidamente con el aporte desparejo de la visitante. Nalbandian fue una fiera y tuvo en Calleri a un compañero al que le costó devolver con acierto en algunos pasajes, especialmente cuando le sacaron abierto sobre el revés.

De esta manera, Argentina hilvanó su quinto triunfo seguido como local en dobles. Y los dos jugadores extendieron sus invictos actuando en pareja en casa y sobre arcilla. Juntos, apenas lo habían hecho una vez, en febrero pasado ante Suecia, cuando ganaron en cuatro sets.

Pero sin dudas esta alegría excede cualquier victoria previa. Por eso tanta locura desatada, papelitos, cantos y más gritos. Porque significa el pasaporte tan soñado durante años a la gran final. Y el sueño más grande está a un paso. Falta, pero ilusionarse cada vez cuesta menos. Impresionante. Sencillamente, histórico.



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